No empieces una dieta que termine algún día, comienza un estilo de vida que dure para siempre

Nuestro estilo de vida determina el estado de salud de nuestro organismo.

Nuestro estilo de vida determina el estado de salud de nuestro organismo.

Lo que comemos, el aire que respiramos, la calidad del agua que bebemos, así como los pensamientos que tenemos y las emociones que ellos generan determinan el estado de salud global de nuestro organismo.

En este sentido no debemos considerar la enfermedad como algo “que nos sucede” sino como un mecanismo del organismo de autorregulación en el camino hacia el equilibrio.

Por tanto no se trata de suprimir los síntomas (que no son más que un aviso de que está habiendo un desequilibrio) sino de ayudar a esta fuerza vital en su función de autocuración.

Aquí es donde juega un papel fundamental la alimentación, tanto desde el punto de vista nutricional como energético, junto con el uso de plantas medicinales.

De esta manera podemos ayudar a nuestro organismo en su camino hacia el equilibrio y la curación haciéndonos  responsables y conscientes del proceso.

Es importante aprender a comer en armonía con la Naturaleza y sus ciclos, ya que cada estación nos proporciona los alimentos que nuestro cuerpo necesita para realizar mejor sus funciones y mantener su equilibrio.

Que nuestra alimentación esté cargada de alimentos Naturales y Frescos, llenos de vida y energía, que nutra nuestras células y nos llene de vitalidad

Si bien no existe una única dieta que se pueda adaptar a todas las personas por igual, hay ciertos pilares básicos que deben formar parte de una buena alimentación: Debe estar compuesta ante todo por frutas y verduras, por su gran riqueza en micro-nutrientes y fibra.

Es importante el consumo de grasas saludables, como las que se obtienen de semillas y frutos secos y aceites de primera presión en frío.

Incluir proteínas de buena calidad, privilegiando las de origen vegetal. Consumir cereales integrales como fuente de energía, sobre todo los que no contienen gluten, y legumbres. Incorporar fermentados, germinados y algas.

 

Priorizar productos locales, de temporada y ecológicos.